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miércoles, 9 de septiembre de 2015

XVII Bienal Internacional del Libro de Río

La lectura como refugio

A pesar de la crisis económica que atraviesa Brasil, los más optimistas auguran alcanzar, cuando termine esta edición, el próximo domingo 13, una venta similar a la última edición de la Bienal con 3,5 millones de ejemplares.

Desde el jueves pasado han circulado por el predio de Riocentro unas 300 mil personas.

Por Silvina Friera
Desde Río de Janeiro

“La lluvia tiene un vago secreto de ternura,/ algo de soñolencia resignada y amable,/ una música humilde se despierta con ella/ que hace vibrar el alma dormida del paisaje.” Estos versos de Federico García Lorca –que no es un poeta brasileño pero en esta circunstancia podría serlo– irrumpen cuando las gotas tiemblan en los cristales del hotel. ¿A qué santito habrá que invocar para conjurar el mal tiempo en Río de Janeiro? ¿A Nuestra Señora Aparecida, la santa patrona de Brasil a la que le canta Elis Regina en “Romaria”, una de sus más bellas canciones? El agua, lejos de espantar los ánimos, tiene cierta épica. Los adolescentes cariocas aúllan como lobitos feroces y corren por el pabellón azul de la XVII Bienal Internacional del Libro de Río, en la que Argentina es el país homenajeado. Desde que abrió sus puertas, el jueves pasado, han circulado por el predio de Riocentro unas 300 mil personas. A pesar de la crisis económica, los más optimistas auguran alcanzar, cuando termine esta edición –el próximo domingo 13–, una venta similar a la última edición de la Bienal con 3,5 millones de ejemplares vendidos. Kéfera Buchmann, la Youtuber brasileña del momento, es la culpable de tantas corridas; está filmando ejemplares de Muito mais que 5inco minutos, su primer libro. El griterío y el fervor producen reacciones encontradas. “¡Qué chicos locos!”, exclama una carioca que está mirando libros en el stand de la editora Vozes.
“El Brasil de mi imaginario está hecho de la música de Vinicius”, cuenta Inés Garland, autora de la novela El rey de los centauros y los libros de cuentos de Una reina perfecta y La arquitectura del océano, entre otros títulos. “Cuando tenía 9 años, mis viejos me llevaron a verlo a Vinicius a Mar del Plata. Nos recibió en su casa, metido en la bañadera con una bandejita arriba de las partes pudendas, con una máquina de escribir y un vaso de whisky. ‘Yo quiero ser como este tipo’, me dije. ‘Garota de Ipanema’ es para mí Río de Janeiro o ‘Menino do Rio’ de Caetano Veloso. Yo vine en el 83; entonces me sentaba en un barcito, tomaba una cerveza y miraba el mar. Ahora pienso en esta especie de mezcla de Carmen Miranda, Rita Haywoorth, Manuel Puig, Vinicius de Moraes y Clarice Lispector... Brasil tiene que ver con una especie de libertad y con algo muy físico y muy sensual. Aunque es un imaginario un poco cuadrado, siempre está ahí.” Garland habla portugués, pero aclara que no sabe si entendería una charla sobre literatura. “Cuando se pusieron a bailar tango en el stand argentino, me di cuenta de que puede haber una voluntad de comunicación muy grande, pero si no hablás el mismo idioma se complica un poco más. Creo que es el idioma lo que dificulta la comprensión. ¿Cómo será para un brasileño ver bailar tango, un baile que parece tan pautado y es tan diferente a los bailes brasileños?”
El intercambio entre escritores brasileños y argentinos es parte de la programación cultural argentina con Noé Jitrik, Mempo Giardinelli, María Moreno, Diana Bellessi, Martín Kohan, Sergio Olguín, Tute, Mariana Enriquez, Tamara Kamenszain, Claudia Piñeiro, Eduardo Sacheri, Luciano Saracino, Ziraldo, Sérgio Rodrigues, Geraldo Carneiro, Claudia Lage y Eric Nepomuceno, entre otros. “No soy amante de la música brasileña, excepto Vinicius de Moraes, Caetano –a través de mi hijo–, y en mi caso Chico Buarque, que también acabo de descubrirlo en la literatura”, comenta Silvia Schujer. “Para mí Brasil es la playa, lo tengo ligado al mar cálido, a los morros; toda la costa brasileña es una de las más bellas del mundo. Si tenemos en cuenta la cercanía, no se tradujo tantos escritores. Yo leí mucho a Clarice Lispector, que siempre es una felicidad clandestina leerla. En cuanto a los libros para chicos, Brasil tiene un desarrollo mayor que el resto de América junto con la literatura infantil argentina. Hay dos escritoras que me conmueven especialmente: Marina Colasanti y Lygia Bojunga Nunes, más allá de Ana Maria Machado y Ziraldo. No tenemos una buena formación en literatura brasileña y creo que el idioma es parte del problema. Pero hay una barrera también en la propia Latinoamérica porque nuestros libros no viajan a Chile, a Uruguay ni a México”, plantea la autora de Lucas duerme en un jardín y La cámara oculta. En 1979, Federico Jeanmaire estuvo en un hotel de Copacabana, mucho antes de leer a Euclides da Cunha, Joaquim Machado de Assis y Joao Guimaraes Rosa en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. “Lo raro de esos días, cuando tenía veinte años –y estaba toda esa cosa mítica de la garota brasileña– es que terminé enamorado de una alemana que estaba en el mismo hotel que yo”, recuerda el autor de Vida interior. “El primer recuerdo que tengo es en blanco y negro; en el televisor de mi tío vimos jugar al Santos con Racing, que ganó 4 a 2 con cuatro goles de Pelé. No me jodió porque era tan lindo verlo jugar... Me gusta el fútbol brasileño, no tengo ese odio hacia Brasil tan típico de muchos hinchas argentinos.”
“Esto fue una reunión de amigos; hay una cordialidad brasileña ajena a cualquier solemnidad”, dice Magdalena Faillace, directora de Asuntos Culturales de la Cancillería, a Página/12. “Cuando conocí Brasil, era un país con una clase alta poderosísima y una clase pobre con mucha marginalidad. Lula es valorado porque generó una franja de clase media que no existía y Dios quiera que eso se conserve. El mal momento que están pasando nos apena a todos”, admite la directora de Asuntos Culturales. “El pabellón argentino se convirtió en un punto de reunión que hizo que Ziraldo, en su discurso de exaltación de la Argentina, dijera que los humillábamos con los glaciares que ellos no tienen. Logramos sintetizar los ejes de nuestra identidad y también de nuestras contradicciones y conflictos. Nadie nos puede acusar de ningún tipo de sectarismo porque en el pabellón conviven (Raúl) Scalabrini Ortiz, (Adolfo) Bioy Casares, Victoria Ocampo, Ricardo Güiraldes, Manuel Puig, (Jorge Luis) Borges y (Julio) Cortázar.”
Faillace advierte que hay una deuda cultural con los países de América Latina. “La mirada eurocéntrica que tuvimos se ha reducido sustancialmente en esta última década a partir de los gobiernos de Néstor (Kirchner) y Cristina (Fernández) porque hubo un reposicionamiento del rol del Estado como articulador de las relaciones sociales.” Las exposiciones “Mafalda en su sopa”, “Lo Que Se Ve”, “Manuscritos históricos clásicos de la literatura argentina” y “En la oscuridad abierta” y los espectáculos de Ariel Ardit Quinteto y Escalandrum han tenido un alto impacto entre los cariocas. “Mostramos que somos universales –afirma Faillace-. Frente a las fronteras cerradas del mundo con cientos de personas que mueren todos los días cruzando el Mediterráneo; frente a una Europa que cierra fronteras, reivindicamos la tradición de apertura generosa a la inmigración.” La directora de Asuntos Culturales de la cancillería reconoce otra deuda: “Necesitamos leernos más entre nosotros porque la lectura tiende puentes y genera una cultura de conocimiento que es la base de las relaciones políticas y comerciales”.

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lunes, 23 de marzo de 2015

Sigo con la lectura

Un premio a la mejor docente del mundo

Una maestra estadounidense fue galardonada por su método para que los chicos lean más libros y elijan cuáles leer. Recibirá un millón de dólares. Fue seleccionada entre diez finalistas. El premio es otorgado por una fundación internacional.

Por María Julia Mastromarino
Desde Dubai, Emiratos Árbes Unidos

El escenario parece montado para recibir a una megaestrella de rock. A un astro de fútbol. O un Roger Federer. No es extraño si pensamos que estamos en Dubai, donde la majestuosidad es lo que impera. Pero se convierte en algo llamativo para la cotidianidad argentina cuando el protagonista será un maestro. La mujer o el hombre que recibirá un millón de dólares por ser considerado mejor docente del mundo por su aporte innovador a la profesión.
La ganadora del Global Teacher Prize, el premio que la Fundación Varkey concedió esta semana en el emirato durante el Foro de Educación y Habilidades 2015 (GESF), es finalmente una formadora de lectores, una mujer que fomenta el placer por la lectura dándoles a sus alumnos la libertad de elegir los libros, planificar y escribir sobre los temas que prefieren.
Su nombre es Nancie Atwell; su origen, estadounidense y fue seleccionada entre diez finalistas que quedaron tras una nominación inicial de 5 mil docentes de 127 países, incluida la Argentina. “La gente tiene miedo de darles a elegir a los niños”, reflexiona Atwell, quien pese al reconocimiento advierte que su método de enseñanza sigue generando controversia.


Nancie Atwell recibió el premio de la fundación Varkey en la ciudad de Dubai.
Imagen: GESF 2015
 
Pelo entrecano, sonrisa permanente y un cierto aplomo en sus gestos, Atwell cuenta que adquirió el amor por los libros cuando era una niña y estaba internada en un hospital porque padecía fiebre reumática. Acaso pensando en esa experiencia o en la de tantos otros niños, como los refugiados de Afganistán o Siria –representados en el Foro por algunos de sus maestros–, la docente insistió en que aún en el lugar más aislado, “mientras te lleguen libros, podés seguir progresando”. Durante una entrevista con Página/12, consideró que este premio “es un honor y una responsabilidad, igual que la de enseñar cada día”.
–¿Qué es lo que cree que se reconoció con el premio?
–La apuesta a la libertad. Yo comencé a enseñar con esa idea a los 22 años en un taller de lectura y escritura. Luego creé mi propia escuela, el Centro para la Enseñanza y el Aprendizaje, en Maine, donde seguí enseñando a niños de séptimo y octavo grado, algunos de ellos con problemas de aprendizaje o dislexia. La escuela compró los libros porque decidimos no tomarlos del programa curricular. Entonces, generamos un espacio placentero con almohadones en el piso y una biblioteca. Los alumnos allí escogen los libros que quieren, leen en voz alta, plantean las palabras que desconocen y aprenden a confeccionar sus listas con recomendaciones. Trabajan con distintos géneros. Esto fue controvertido en los años ’90 y sigue siéndolo porque la gente tiene miedo de darles a elegir a los niños.
–¿Cuál es el rol docente en ese modelo?
–Yo los oriento. Tengo una biblioteca bastante grande y pienso qué libro le puede gustar a cada uno de mis alumnos pero, además, durante todo el año ellos van consultando nuestro sitio web. Los niños leen en la escuela y se llevan libros a sus casas. Ayudan a planificar las lecturas y funcionan como escritores auténticos. El 97 por ciento de nuestros graduados se matriculan en la universidad. Y nosotros decidimos compartir la experiencia. En mi libro In The Middle (que vendió medio millón de ejemplares y va por su tercera edición) detallé procedimientos para inculcar la pasión por la lectura e hice otros libros para profesores. En la escuela, además, recibimos a 600 maestros de escuelas de todo el mundo que vinieron a observar nuestro método para que los chicos aprendan a leer. En Estados Unidos no se lee lo suficiente. El promedio general es de 6 u 8 libros por año. Mis estudiantes leen casi 40 libros en el mismo lapso.
–¿En qué cree que contribuye la lectura de una mayor cantidad de libros?
–Leer libros hace que tengan más compasión hacia el resto del mundo, mejor vocabulario y mejor y más información de lo que sucede globalmente. También que sean más justos, felices e inteligentes. Cuando empoderé a mis alumnos no sólo pensé en darles la posibilidad de elegir sino también de que formaran su espíritu crítico.

Valorar el rol docente

Los diez maestros que quedaron finalistas pertenecen a contextos tan distintos como Afganistán, Haití, India, Kenia, Camboya, Malasia, el Reino Unido o Estados Unidos. La elección de la maestra estadounidense de algún modo desalentó las expectativas de que el premio fuera entregado a alguno de los docentes que enfrentan la adversidad o cuentan con menos recursos.
En la ponderación del jurado, según los organizadores, fue determinante el plan adelantado por cada uno para invertir el dinero en caso de que ganara el millón de dólares. La maestra premiada había presentado un proyecto para ampliar su programa. Recibirá el dinero en 10 cuotas de 100 mil dólares por año, a lo largo de una década.
La distinción le llegó de manos de Bill Clinton y del vicepresidente de Emiratos Arabes Unidos, Sheikh Mohammed Bin Rashid Al Maktoum, y frente a más de mil representantes académicos, docentes, empresarios, políticos y periodistas. El ministro de Educación porteño, Esteban Bullrich, y Enrique Palmeyro, referente del la red Schollas Ocurrentes, lanzada por el papa Francisco, fueron los oradores por la Argentina.
“Sigo aprendiendo cómo hacer que un colegio sea un lugar de felicidad y sabiduría, para mis alumnos, los maestros y para mí”, expresó Atwell tras recibir el galardón.
El festejo incluyó las felicitaciones de Hillary Clinton, Kevin Spacey y de Bill Gates, quien a través de un video destacó la importancia del premio “para mantener la innovación”.
Sunny Varkey, el ideólogo del premio que buscan transformar en un Nobel de la educación, explicó que la intención de su fundación es mejorar el respeto por la profesión y valorar “el importante rol que los maestros tienen en la sociedad”.
La idea es premiar a aquellos maestros que fueron más allá, para asegurarse de que los niños tuvieran educación, amplió Varkey. Algunos los buscaron golpeando puerta por puerta, como Phalla Neang, creadora de la primera escuela para ciegos y disminuidos visuales en Camboya. Phalla consiguió convencer a los padres de niños ciegos para que sus hijos asistieran a su escuela, ya que estaba extendida la creencia de que quienes nacían con ceguera habían hecho algo malo y educarlos no valía la pena.
Azizullah Royesh, el maestro nominado por Afganistán, es un referente que brega por una mejor sociedad a través de la educación. Creó una escuela en un campo de refugiados para afganos en Pakistán. Y ya en su país, apoyó protestas de jóvenes estudiantes contrarias a una ley que legaliza la violación marital. Lo amenazaron de muerte e intentaron incendiar su escuela en Afganistán, pero él la reabrió, sorprendido por el apoyo que le dio el 95 por ciento de sus alumnos y sus padres.
Otro aporte extraordinario fue expresado por Guy Etienne, el finalista de Haití. Para revertir los malos rendimientos de los alumnos secundarios, propuso enseñar ciencia a través de un programa de televisión que, en los lugares más aislados, se proyecta en las plazas. Etienne explica a los maestros cómo usar recursos disponibles en la naturaleza e impulsa a sus alumnos a comprometerse con su comunidad. Desde su intervención, los resultados educativos mejoraron en un 60 por ciento.
Entre los diez finalistas predominaron maestros de países de Oriente y de Estados Unidos.
–¿Por qué cree que entre los nominados no hubo representación de América latina? –le preguntó Página/12 a Vikas Pota, CEO de la Fundación Varkey.
–Nada pasa de un día para otro. Lanzamos el premio en 2014 y la difusión lleva su tiempo. Tenemos algunas limitaciones físicas por la distancia desde Dubai, pero queremos expandirnos a través de diversas organizaciones. Estamos pensando en viajar este año a la Argentina y a otros países de Latinoamérica porque nuestra intención es devolver el status de la profesión a través del mundo. El premio no es sólo acerca de la ayuda a través de dinero, también busca mostrar millones de historias de inspiración e iniciar conversaciones sobre el rol global de los maestros.
Esa es la filosofía del foro, alentada por el resultado de una encuesta que la Fundación Varkey hizo alrededor del mundo. Según el sondeo, los maestros ven que la sociedad no tiene una buena percepción de su labor. Los organizadores son terminantes al respecto: “No podemos pensar en desarrollar mejores sistemas educativos –coinciden– en tanto no mejoremos la situación de los maestros”.

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domingo, 22 de marzo de 2015

No todo es digital

Norma Aleandro habla del ciclo "Cuentos para imaginar"

"Que otro te lea un libro te despierta la curiosidad"

En el programa de Pakapaka, la más reconocida de las actrices argentinas recorre distintas escuelas públicas del conurbano para leerles a los niños y niñas cuentos de ayer y de hoy. “Los chicos ven en el libro algo diferente, que los va a ayudar a imaginar”, afirma.

Por Emanuel Respighi
Hay experiencias que se transmiten de generación en generación. Rituales, costumbres y tradiciones que se niegan a ser derruidas, olvidadas por el paso del tiempo. Algo de eso está intentando hacer Norma Aleandro desde Cuentos para imaginar, el ciclo de Pakapaka en el que la más reconocida de las actrices argentinas recorre distintas escuelas públicas del conurbano, libro en mano, para leerles a los niños y niñas cuentos de ayer y de hoy. Una experiencia que el programa que se estrenará mañana (lunes a viernes a las 20) busca recuperar en plena era del consumo cultural individual y digital que imponen las nuevas tecnologías. “Me interesó que la propuesta no fuera ir a ‘contar’ cuentos o historias, sino que fuera ir a ‘leerles’ cuentos. Que otro te lea te despierta la curiosidad. Mi abuela me leía todas las noches. Verla a ella con el libro en la mano me daba muchas ganas de leer, era contagioso. El libro te ayuda no sólo a leer e imaginar, sino también a escribir”, le cuenta a Página/12 Aleandro, entusiasmada por la posibilidad de transmitir a través de la tele su propia experiencia de la infancia, que es también la de muchos.
Horacio Quiroga, Silvina Ocampo, Javier Villafañe, Ricardo Mariño, Ema Wolf y Liliana Bodoc son algunos de los autores a los que el ciclo televisivo echa mano para llevarles a los más pequeños cuentos misteriosos, graciosos, encantadores y entretenidos. Los textos narrados en distintas escuelas, ante la atención de los chicos, toman en la expresiva voz de la actriz y en la gestualidad conmovedora de sus lúdicos ojos una potencialidad hipnótica que traspasa los límites de la pantalla. “Leer el libro, que no te cuenten una historia, sino poder tener el libro en las manos, es el comienzo de un paso fundamental en la vida: saber leer y escribir. Celebro que quisieran llevar a las escuelas el libro en sí, no a una persona que les narrara una historia. No existe mundo más enriquecedor que el libro. No es lo mismo contarles a los chicos una historia de memoria, o una imaginada, que leerles una historia de un libro. El libro, a esa edad, empieza a ser un maravilloso e inquietante pozo sin fondo”, subraya la protagonista de decenas de películas, obras de teatro y programas de televisión.
–¿Lo dice por conocimiento de causa? ¿Cree que aquellas lecturas de su abuela Pepita despertaron su curiosidad mucho más que la escuela? –Mi abuela me leía mucho el Quijote. Uno dice el Quijote y piensa que mi abuela era una intelectual, alguien formada. Pero nada que ver: ¡era cocinera! Era una autodidacta, un ser excepcional, en muchos sentidos, pero fundamentalmente para mí porque fue la mujer que me crió, ya que mis padres eran actores y vivían de gira. Pero además tenía la certeza de que eso que había escrito Cervantes era maravilloso. Tan maravilloso como para que me leyera diariamente algún pasaje. Nos lo leía todas las noches como en muchas casas se leía la Biblia. Esa lectura antes de dormir fue, para mí, una experiencia formativa única. Mi abuela era española, de Castilla, conocía la lengua castellana, por lo que lo que no podía entender como argentina, ella me lo traducía. No es que había tantas palabras diferentes, pero sí había una manera de decir sensacional. Esa historia de ese pobre hombre que había leído los cuentos y que se fue a vivir aventuras era maravillosa. El Quijote fue una de aventuras como hoy pueden ver a los chicos entusiasmados en aventuras por televisión o en los comics. Esa potencia estaba en un libro muy grande que tenía y que, al finalizar cada capítulo, nos mostraba los dibujos que ilustraba el texto. Esa lectura y esos dibujos geniales eran la puerta de entrada a meterme en otros mundos que no tenían nada que ver con el que vivíamos todos los días.
–¿Cree que los hábitos se modifican con el tiempo, pero que ningún avance tecnológico puede reemplazar el estímulo imaginativo del libro? –Los chicos ven en el libro algo diferente, que los va a ayudar a imaginar. No digo a “aprender”, porque a esa edad los chicos no se proponen “aprender”. Nadie nació para “aprender”. “Aprender” se “aprende” en el colegio. Pero imaginar y volar a mundos y situaciones que nunca supusiste que podían existir es de otra dimensión. Transmitirles eso a través de un ciclo de TV me entusiasmó. No era enseñarles a los chicos cómo una actriz les cuenta un cuento. Nada que ver. Cuentos... les muestra cómo de un libro surgen historias maravillosas que los invitan a volar, a imaginar la vida.
–¿Es posible, desde este ciclo, trasladar aquella experiencia personal de lectura íntima a chicos diseminados por todo el país? –Tener la posibilidad de leer cuentos, tener el libro en la mano, pasárselos a ellos para que lo lean e investiguen es incentivarlos a desarrollar otros aspectos de su vida. La curiosidad que provoca un libro es intransferible. No es lo mismo escuchar que leer, que tocar. Cuando a uno le leen algo y uno ve que la “magia” sale de ese objeto, uno quiere tener un rato la “magia” en su mano. Pasa con todas las cosas que nos asombran. De tener en la mano un libro a leer y escribir hay un sólo paso. Es mentira que es doloroso aprender a leer y escribir.
–¿Hay que recuperar la experiencia del libro en la sociedad actual, tan proclive a las tecnologías? –No tengo dudas. Hay que recuperar la cultura del libro. El otro día leía que Buenos Aires es la ciudad que más librerías tiene en el mundo. Es una maravilla. Qué suerte que tenemos de tener a mano ese florido mundo del libro. Por suerte hay editores que siguen arriesgado y canales como Pakapaka, que se propone llevarles los libros a los chicos en las escuelas. Cuando un chico lee un libro por fuera de la institución escolar, es el mismo chico el que decide leerlo o no, dejándose llevar. Ver a un chico con un libro en la mano, sin esperar que le tomen lección ni que le pongan suficiente o insuficiente, es una experiencia sorprendente. Con el programa recorrí escuelas en Berazategui, Llavallol, La Matanza, Avellaneda, Morón, y vi caritas absortas escuchando los cuentos. Pero vi también la fascinación de poder tocar el libro e investigarlo, saber que eso existe, que el cuento no era resultado de mi invención.
–El problema es que ese mismo estudio reveló que en las comunas más pobres de la Ciudad de Buenos Aires no hay ni una librería. La brecha cultural se mantiene. –Tenemos que entender que los chicos están ávidos de leer y que somos los adultos los que tenemos que despertarles ese deseo innato. Eso lo comprobé con este ciclo. Cada vez que terminaba de leerles el cuento y les pasaba los libros, veía la excitación que les producía tenerlo en sus manos. No hubo manera de recuperar esos libros, aunque no era la intención recuperarlos.

Rebelde con causa

–¿Cree que el sistema educativo todavía no pudo romper con la tradicional manera de entender el ámbito escolar? –Seguro. Es mucho más fácil proponer una currícula uniforme y señalar qué hay que leer, y que no que trasladarles a los chicos la experiencia y el placer de leer cuentos de manera colectiva. Los cuentos, la literatura en general, son un medio idóneo para que los chicos entiendan un lenguaje, una manera de pensar, una manera de vivir, y sobre todo para incentivarles la necesidad de leer y escribir. El programa incita a leer y escribir. Cuando uno lee, tiene necesidad de escribir después.
–¿Fue por ese mismo arcaico sistema educativo que a los trece años usted se hizo expulsar de la escuela y abandonó el colegio para siempre? –Me sentía presa en la escuela a la que iba, hacían cosas que yo detestaba. A mí me crió mi abuela y era ella la que decidía la educación. Mis padres siempre estaban de gira. En el colegio al que iba, el Normal No 9 de Callao y Corrientes, nos daban catequesis. Tenía tres compañeritas que eran judías, y la maestra las mandaba a estudiar “moral”, supuestamente. Pero en realidad las tenían sentadas en un pasillo, en el mismo lugar en el que nos ponían cuando nos castigaban. A mí me pareció una barbaridad y le pregunté a la maestra por qué no las dejaban a ellas estudiar su religión. La maestra me respondió que de ninguna manera, que estaban castigadas, y me dijo todo tipo de cosas espantosas. En ese momento me planteé que no quería estudiar con una maestra así. Mi abuela escribió una nota firmada en la que me autorizaba a no ir a la clase de religión. Obviamente, la maestra me sintió una “enemiga” y me puso con las chicas judías en la clase de “moral”, que no existía, era un castigo. A partir de ahí, mi estadía en el colegio se convirtió en una guerra con las maestras y la dirección, por lo que decidí no estudiar más. Mi padre, por supuesto, quería que siguiera estudiando. Le propuse que iba a seguir estudiando, pero por mi cuenta. Y así fue. Fui una autodidacta durante toda mi vida, hasta el día de hoy.
–¿Siempre tuvo esa personalidad de rebelarse contra las injusticias? –Qué le digo: sí. No lo puedo resistir. Mucha gente me dijo a lo largo de mi vida que parara, pero es más fuerte que yo. Viví momentos espantosos por ser así, como tener que exiliarme del país.
–¿Cómo fue el exilio vivido en Uruguay y luego en España durante la dictadura? –Largo, muy largo. Yo había dicho que había gente desaparecida en el país. Y lo dije porque era la verdad, no porque estuviese de acuerdo con la guerrilla. En la guerrilla tenía gente amiga y conocida, pero no estaba de acuerdo con lo que estaban haciendo, ni con lo que pensaban, ni cómo lo llevaban a cabo. Mi denuncia tenía un sentido humano. Si ellos estaban haciendo algo malo, el Estado no podía no hacerles un juicio. Pero no podían “desaparecerlos”, como los llamaban, y aún los siguen llamando... Lamentablemente no se ha cambiado el nombre. Ese término, desaparecido, lo empecé a usar en los reportajes que me hacían al finalizar el gobierno de Isabel Perón. Lo único que decía es que “hay gente a la que se la llevan y no vuelve, que no sabemos dónde está, que yo no estoy de acuerdo con lo que piensan, pero que no podía ser que no se las devolvieran a sus casas y a sus padres...”. No decía más que eso. “No tenés idea de lo que implica decir eso”, me dijeron un día. Después me pusieron una bomba en el teatro y otra bomba explotó en mi casa. Me dieron 48 horas para salir del país. Salí a hacia Uruguay en menos de cuatro horas.
–¿Temió por su vida? –No es que temí, me lo dijeron claramente: si no me iba del país, me mataban. Era claro.
–¿Y qué le produce que ahora se ponga tan en tela de juicio que los actores y actrices hablen de política y den a conocer sus pensamientos? –A mí me parece estupendo que los actores opinen. ¿Por qué no van a opinar? ¿Por qué un abogado, un obrero metalúrgico o cualquier trabajador puede opinar a favor o en contra del gobierno, y está bien, y si lo hace un actor es un escandalete atroz? ¡No! Los actores y actrices son ciudadanos. Así considero a mis compañeros. Nunca he peleado ni dejado de hablar con un actor porque haya opinado una cosa o la otra; seguimos siendo los mismos amigos de toda la vida. Al menos, eso pasa conmigo. Entre ellos hay gente que se han peleado por estar acá o allá, a favor o en contra de. Me parece estúpido porque somos un país en el que por suerte seguimos teniendo una democracia, en una república, donde todos podemos opinar. Podemos decir pestes sobre algo, o maravillas sobre algo, y nadie, nadie, nos deja de lado o nos desaparece.
–Parece un absurdo pensar que todos puedan pensar lo mismo y que no haya margen para el disenso. –Esto pasa y viene pasando, se puso casi de moda. Hay compañeros míos que están en cualquier otro lado y no importa lo que piensen, son la misma gente que de pronto adhiere a algo que les parece que es digno, o que está bien o que favorece al país. Así como hay otros a los que les parece que no, que piensan lo contrario. A mí me parece maravilloso que exista alguien que piense blanco y otro, negro. Es la democracia y la república. Hay que respetar las instituciones y que cada cual opine lo que quiera.

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lunes, 7 de abril de 2014

La palabra

Confluencias entre los autores y el público

Durante doce días la palabra estará en el centro de la escena con debates, lecturas, diálogos, entrevistas, “karaokes literarios”, recitales, obras de teatro, seminarios y talleres multidisciplinarios. La cita será en Tecnópolis, con entrada libre y gratuita.

Por Silvina Friera

“La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha.” Esta frase atribuida al escritor y filósofo francés Michel de Montaigne podría ser el prólogo de un megaevento que está en boca de todos. Durante doce días la palabra estará en el centro de la escena con debates, lecturas, diálogos, entrevistas, “karaokes literarios”, recitales, obras de teatro, seminarios y talleres multidisciplinarios que serán el punto de confluencia de cientos de escritores, periodistas y artistas de todas las provincias con el público. En el Encuentro Federal de la Palabra, que se realizará en Tecnópolis desde el próximo miércoles hasta el domingo 20 con entrada libre y gratuita, participarán Ricardo Piglia, Jon Lee Anderson (Estados Unidos), Antonio Skármeta (Chile), Guillermo Arriaga (México), William Ospina (Colombia), Eric Nepomuceno (Brasil), Diana Bellessi, Arturo Carrera, Mempo Giardinelli, Daniel Link, Edgardo Cozarinsky, Juan Sasturain, Washington Cucurto, Fernando Noy, Liliana Bodoc, María Teresa Andruetto, Guillermo Martínez, Claudia Piñeiro, Sergio Olguín y Leopoldo Brizuela, entre otros. Por la dramaturgia estarán presentes Roberto “Tito” Cossa, Eduardo “Tato” Pavlovsky, Carlos Gorostiza, Ricardo Monti y Rafael Spregelburd. Habrá charlas y conciertos de Moris, Daniel Melero, Gabo Ferro, Leo García, Antonio Birabent, Rosario Bléfari, Liliana Herrero, Juan Falú, Teresa Parodi, Peteco Carabajal, Manuel Moretti y Ramón Ayala. Y homenajes a Julio Cortázar, Juan Gelman, Leopoldo Marechal, Alejandro Urdapilleta, Luis Alberto Spinetta, Horacio Guarany y Luis Landriscina (ver aparte). En el mismo ámbito se realizará “El Encuentro de intelectuales latinoamericanos”, coordinado por Ricardo Forster, con Alvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, y Marco Aurelio García (Brasil), entre otros.

Ricardo Piglia, Jon Lee Anderson y Mempo Giardinelli, tres de los participantes. Ariel Schettini, uno de los curadores.

El Encuentro Federal de la Palabra –organizado en varias áreas como Narrativa y Poesía, Teatro, Cine, Canción, Radio y TV, Culturas Digitales, Periodismo, Humor gráfico e Historietas y Jóvenes de la Patria Grande– tiene un equipo de curadores integrado por Mauricio Kartun, Carlos Ulanovsky, Mariano del Mazo, Jorge Dubatti, Fierita Catalano, Fernando Spiner, Cristian Alarcón, Andrea Basconi, Teresita Valdettaro, María Julia Magistratti y Ariel Schettini. “Nosotros partimos de la idea de que la palabra es una protagonista fundamental de la democracia –dice Schettini a Página/12–. La palabra es un instrumento fundamental de la vida civil, de la vida social, de la vida en comunidad. Tratamos de imaginar si podíamos hacer una convocatoria amplia, federal, que nos permitiera reflexionar sobre los usos de la palabra en todas las situaciones posibles. Por eso fueron convocadas personas que tienen que ver con el teatro, con el cine, con la televisión, con el periodismo, con la literatura, con la radio. La palabra puede ser el instrumento de cambio, de transformación, de repensarse uno mismo y repensar las condiciones en las que uno está. En ese sentido, la literatura es el lugar donde la palabra aparece como material y reflexión sobre sí misma. Convocamos a escritores que nos parecen interesantes por cómo usan la palabra en la literatura. Y, por otro lado, personajes que nos podían ayudar a expandir el terreno de lo literario, más allá de las técnicas y modos de circulación. Pensamos en las literaturas orales, las narraciones, las literaturas que tienen que ver con la performance, la literatura que tiene que ver con lo digital; en fin con todos los géneros, los modos de circulación y de intervención de la palabra literaria. El resultado dio una grilla de actividades infinitas.”
El Café literario –conducido por Tomo Lupo, Cecilia Szperling y Juan Diego Incardona– será el espacio central dedicado a las expresiones literarias, un ámbito de intercambio con autores, narradores, poetas, compositores y dramaturgos de todo el país. Todos los días a las 14 habrá un “Karaoke literario”, ideado por Incardona, que consiste en una lectura colectiva de textos de Roberto Arlt, Cortázar, José Hernández, Jorge Luis Borges, Alejandra Pizarnik, Rodolfo Walsh, Oliverio Girondo, María Elena Walsh, Roberto Fontanarrosa y Elsa Bornemann, entre otros. “Juan Diego fue el curador de una cantidad de textos de la literatura argentina que nos parecía que eran interesantes para ser pensados oralmente. Con eso armamos una gran pantalla y las personas van a poder leer esos textos en público –explica Schettini–. Queríamos ver cómo funciona la lectura fuera de la lectura solitaria. La literatura está ligada a la idea de la soledad y del aislamiento. Entonces pensamos la lectura en público, comunitaria, con personas que uno no conoce. La gente se tiene que anotar en una lista para poder leer y el texto lo elige cada persona. La actividad dura una hora y cada texto aproximadamente entre 5 y 10 minutos. Mientras alguien está leyendo, en una pantalla gigante se proyecta el fragmento del texto.”

Viaje a la cabeza de un escritor

En el espacio del Café literario se cruzarán las “Letras de la cuyanía” con Polo Martí (Mendoza), Mario Zaguirre (San Juan), Marcelo Palacios (San Luis), Antonio Rodríguez Villar (presidente de la Academia Nacional de Folclore), y las “Nuevas letras NOA”, con Arturo Herrera (Catamarca), Liliana Bellone (Salta), Liliana Massara y Ana María Mopty (Tucumán), David Gatica (La Rioja), Marcelo Constant (Jujuy) y Antonio Cruz (Santiago del Estero). “Queremos que los escritores de todo el país puedan encontrarse. Que lo que vemos desde acá como ‘disperso’ forme una especie de nodo para continuar con esa conexión en el tiempo”, explica Schettini. El libro digital tendrá su espacio en la grilla. Los poetas Mariano Blatt y Damián Ríos, creadores de la editorial Blatt&Ríos –pionera en la edición digital en el país, que publica también en formato papel–, reflexionarán sobre qué es el libro digital, hasta dónde puede llegar este formato y como conviven el e-book y el libro tradicional. Otra sección diaria dentro del Café Literario se llama “Viaje a la cabeza de un escritor”. Todos los días distintos escritores contarán cómo construyen su propia literatura desde la perspectiva de las técnicas, las formas y los materiales con los que trabajan. Participarán Juan Sasturain, Liliana Bodoc, Leopoldo Brizuela, Claudia Piñeiro, Sergio Olguín, María Teresa Andruetto y Eduardo Sacheri, entre otros. En “Libros entrañables”, Guillermo Martínez, Fabián Soberón (Tucumán), Paula Bombara, María Cristina Ramos (Neuquén), Sandra Comino, Sergio de Matteo (La Pampa), Ricardo Mariño y Orlando Van Bredam (Formosa), entre otros, indagarán no sólo en sus libros preferidos, sino también en qué aprendieron de esos textos y qué pudieron tomar o no. Los músicos tienen mucha tela para cortar sobre el vínculo entre letra y música. Hablarán y cantarán Moris, Daniel Melero, Rosario Bléfari, Leo García, Antonio Birabent, Manuel Moretti y Francisco Garamona.

Cómo pensar el presente

“Si la palabra es el instrumento de la democracia, el instrumento privilegiado de nuestra vida civil, ¿cómo podemos hacer para que la mayor cantidad de personas accedan al uso público de la palabra? Una democracia verdadera sería una democracia donde todos podamos usar la palabra en público, articular nuestras demandas y reflexionar sobre ese uso público de la palabra”, subraya Schettini. “Los géneros de la literatura son populares porque las narraciones que circulan por nuestra sociedad nos interpelan todo el tiempo –plantea Schettini, autor de El tesoro de la lengua–. Si pensás en los adolescentes, que son el grupo más dinámico en la circulación de libros, se preguntan cosas bastantes densas. Los adolescentes ven en la literatura cómo pensar el presente; las narraciones sirven para que pensemos cómo nos ubicamos políticamente en el presente. Esto a los jóvenes les preocupa mucho. Los jóvenes tienden a ser mucho menos frívolos que los adultos. Los jóvenes tienen una cosa muy densa en cuanto a cómo se piensan en relación con la sociedad, con la familia, con su grupo de pares. Y la literatura es un gran instrumento para la reflexión sobre qué somos como comunidad, qué somos como familia, qué somos como país. Los jóvenes son el segmento más dinámico del uso de la literatura. Las personas que nos dedicamos a la literatura tenemos esa tensión con la literatura desde cierto momento de la adolescencia en que nos dimos cuenta de que estamos obligados a pensar nuestro lugar incómodo en la sociedad. Para ese tipo de público hemos pensado muchas actividades y espacios en donde se puede reflexionar acerca de qué es la literatura, qué es la poesía, qué es expresarse públicamente, porque es un modo que tengo de generar una transformación, de generar una comunidad de pares. La palabra en público te hace reflexionar. ¿No sería lo más democrático la posibilidad de que todos participemos de la vida pública del modo más intenso posible?”
Las nuevas formas de usar las palabras estarán presentes bajo el formato del festival. Adolescentes y jóvenes podrán asistir al Primer Festival de Hip Hop, Rimas y Nuevas formas. Además, se realizará el Primer Festival Argentino de Stand Up con Sebastián Wainraich, Malena Pichot, Ezequiel Campa, Malena Guinzburg, Fernando Sanjiao, Diego Wainstein, Rocco y Cabito. En el Encuentro Federal de la Palabra habrá también más de 4000 metros cuadrados dedicados a juegos interactivos con la palabra y la lengua como protagonistas, especialmente diseñados y creados para niños, estudiantes secundarios y para todas las edades. “Tenemos un camino interesante para recorrer –afirma Schettini–. Cuáles son las narraciones que nosotros nos estamos contando, cuáles son las realidades que estamos compartiendo que hacen que vivamos en universos de odio, de venganza, de sacrificio, algo que aparece todo el tiempo en las narraciones no sólo en Argentina. El lugar de sacrificio por antonomasia de las sociedades modernas obviamente es la juventud. Está en el modo en que se distribuyen las drogas y el modo en que los jóvenes son considerados objetos para ser usados por el mercado. Pero al mismo tiempo los jóvenes también son los más resistentes. Frente a los adultos que tienen una actitud más pasiva, más vencida, los jóvenes son los únicos que plantean una resistencia real frente al atropello de los poderosos. No hablo solamente en términos del poder del Estado o del poder del capitalismo. Me refiero al modo en que se distribuye el poder en las familias y en los grupos.”
Muchos poetas serán entrevistados o leerán sus poemas: Arturo Carrera, Fernando Noy, Martín Rodríguez y Mario Arteca, entre otros. Alta es la expectativa que genera la “estrella” de la poesía de Santa Cruz, Hugo Gandolfo, que combina la pasión por la poesía y la meteorología en el libro 100 haikus.met. “La poesía circula por canales que no tienen como referentes la librería ni el libro clásico. Tiene que ver con las formas artesanales de la creación, con las formas grupales de la reunión, con construir comunidades de lectores. La poesía en los últimos treinta años es el género más dinámico en el que se ha pensado la literatura –pondera Schettini–. Como la poesía fue negada por el mercado más clásico, pasó a tener un modo de circulación dinámico, y aparecen los escritores más interesantes de la literatura argentina en esa poesía que está llena de trabajo artesanal. Y ahí encontramos los textos más políticos de la literatura. Esto es algo sobre lo cual tenemos que reflexionar: cómo circula la literatura en nuestro país y cuáles son los modos de estallido, de resistencia y de supervivencia.” El curador del área de Narrativa y Poesía agrega que la narrativa “trata de entrar en ese universo que es un mundo que creó básicamente la poesía en los años de democracia”. “Necesitamos estudiar profundamente qué pasó con la poesía argentina y cómo fue ese estallido.”
En Tecnópolis, cuenta Schettini, se desplegará una galería de retratos de 60 escritores argentinos con las frases más representativas de cada uno. “Pero cada una de las frases están puestas no como sentencias sino como una pregunta del tipo cuál es la frase que a vos te parece que define a Sarmiento, a Borges o a Walsh. Elegimos una, pero la sometemos a discusión.” ¿Se parece el Encuentro Federal de la Palabra a la Feria Internacional del libro? “Me parece que todos los festivales y encuentros donde aparece la literatura como protagonista se parecen –opina Schettini–. Pero la diferencia fundamental es que al estar organizado por el Estado nacional, el encuentro no tiene la presión que ejerce lo comercial en la Feria del libro.”

* Todas las actividades son con entrada libre y gratuita.En Tecnópolis, Av. General Paz entre Balbín y Av. de los Constituyentes, Parque del Bicentenario, Villa Martelli,de 14 a 22.