Medidas para salvar el planeta
Organizaciones sociales del mundo acordaron un paquete de mandamientos
que llevarán a la Conferencia sobre Cambio Climático de París. Una
propuesta es crear un Tribunal Internacional de Justicia Climática, algo
similar a La Haya.
Por Sebastián Ochoa
Desde Tiquipaya
La segunda Cumbre Mundial en Defensa de la Madre Tierra concluyó con
un paquete de mandamientos que las organizaciones sociales deberán
llevar a la Conferencia sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas
(la COP 21), a realizarse en diciembre en Francia. En los tres días de
reunión desarrollados en Cochabamba participaron el secretario general
de la ONU, Ban Ki-moon; los presidentes de Venezuela, Nicolás Maduro; de
Ecuador, Rafael Correa; además de Evo Morales, entre otros. Tenga que
ver o no, este encuentro estuvo atravesado por la exigencia de que
Bolivia recupere su acceso al mar, expresado por las y los participantes
venidos de todo el mundo, así como por las autoridades de la región.
“Cuidar a la Madre Tierra es una cuestión moral, sobre todo en
cuanto al desafío del cambio climático. Ya no podemos darnos el lujo de
aspirar a la prosperidad, tenemos que transformar nuestras economías y
aprovechar las oportunidades de un futuro con una baja emisión de
carbono. No hay un plan B, porque no hay un planeta B”, dijo el
secretario general de las Naciones Unidas en la Cumbre.
El presidente venezolano habló con la prensa en el aeropuerto Jorge
Wilstermann. “Sólo el fortalecimiento de la capacidad de acción
unitaria, con una propuesta de los movimientos sociales, nos podrá
llevar a establecer una opinión pública mundial más consciente de las
amenazas que ya estamos viviendo”. “Llevamos 523 años cambiando
espejitos de colores por tierra, por soberanía. Ya basta. Vamos a ir a
París a dar batallar y buscar un buen resultado para los pueblos”,
aseguró Maduro.
En este sentido, el canciller de Francia, Laurent Fabius, dijo que
“las decisiones que tomen en Tiquipaya serán transmitidas en la COP 21 y
los participantes tomarán conocimiento de las mismas”.
“Los latinoamericanos, de cualquier clase social, deberíamos ser
antiimperialistas. Vemos que los guerrilleros de antes ahora son
presidentes, vicepresidentes. Por lo tanto, no estaban equivocados. Este
proceso continuará pese a las políticas de amedrentamiento. Por ahora,
solamente debatimos un problema que nos deja el capitalismo: la crisis
climática, el calentamiento global. Porque ¿de dónde viene? Del
capitalismo”, dijo Evo Morales en el cierre de esta Cumbre.
Otra propuesta que se llevará a la COP 21 es la de crear un Tribunal
Internacional de Justicia Climática, algo similar a La Haya. “Es
nuestra voluntad política que la ONU apruebe la Declaración Universal de
los Derechos de la Naturaleza. Su derecho principal debiera ser que la
Naturaleza pueda seguir existiendo, también ofreciendo los medios de
vida necesarios para que la sociedad pueda vivir con Sumaj Kausay (vivir
bien). Para el capitalismo mercantil, lo que no tiene precio no existe.
El capitalismo tradicional no puede solucionar este problema desde su
lógica. Pero creemos que se puede solucionar desde nuestra propuesta,
que es prestada de los pueblos ancestrales”, dijo Correa.
“Sumaj Kausay no significa ‘vivir mejor cada día’, sino que
significa vivir en armonía con uno mismo, con la naturaleza, con las
demás culturas. Por eso, la lógica capitalista ortodoxa no va a poder
resolver el tema del cambio climático. Es necesario que haya justicia
ambiental. Cuando haya justicia ambiental a nivel planetario, los
grandes contaminadores se responsabilizarán por los daños causados al
planeta. Compensarán a quienes sufren. En ese momento, cuando se les
obligue a pagar, esta agresión a la naturaleza se verá limitada”,
aseguró el presidente de Ecuador.
De esta segunda Cumbre, realizada en la Universidad del Valle,
participaron 7000 personas, según datos del Gobierno. Muchas de ellas
enviaron sus propuestas por Internet. La declaración completa se
encuentra en el sitio web jallalla.bo
“La colonización atmosférica con la emisión de gases de efecto
invernadero a la atmósfera, producto de la excesiva e irracional
industrialización de los países desarrollados, ha quebrado el equilibrio
en la Madre Tierra. Si la temperatura se incrementa más allá de los 1,5
grados centígrados estaremos viviendo una catástrofe planetaria”, dice
uno de los puntos del documento final, de 30 páginas. “Los pueblos, por
intermedio de sus organizaciones sociales y comunitarias, deben tomar el
poder político, económico y militar, construyendo nuevas formas
estatales plurinacionales para gobernarnos a nosotros mismos, creando
nuestras herramientas de cambio y transformación”, dice el texto final.
En esta declaración se metió también “el tema del mar”, expresado en
propuestas como esta: “Impulsar el acceso soberano al mar del pueblo
boliviano, apoyando la demanda marítima en la Corte Internacional de la
Haya para generar el espacio de diálogo que resuelva los temas pendientes entre los hermanos países de Bolivia y Chile”.
http://www.pagina12.com.ar
Estamos siendo bombardeados todo el tiempo por noticias alarmantes: desastres naturales... y de los otros. Mi idea es rescatarnos: aislaré acá noticias positivas. Por mi propia salud mental. Ojalá a alguien más le haga bien leerlas.
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martes, 13 de octubre de 2015
La Madre Tierra
domingo, 21 de diciembre de 2014
Marina Aizen
Naciones Unidas premió a una periodista de Clarín
Por mejor cobertura sobre cambio climático
Por mejor cobertura sobre cambio climático
En una cena de gala realizada en Nueva York,
el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, entregó a la
periodista Marina Aizen de la revista Viva el premio de plata Príncipe
Alberto II de Mónaco por la mejor cobertura sobre cambio climático. El
galardón, por el que compitieron medios de todo el mundo, es distinguido
por la Asociación de Corresponsales de las Naciones Unidas (UNCA, en
inglés), entidad que nuclea a los profesionales que cubren las
actividades de la organización mundial.
El artículo que mereció el premio se llama Hielo Ardiente y fue publicado en septiembre de 2013 en Viva. Allí se describen vívidamente los contundentes cambios que está experimentando el Artico, la zona más afectada del mundo por la suba de la temperatura global, lo que se expresa en la pérdida de hielo marítimo y de enormes volúmenes de masas glaciares en Groenlandia, entre otros territorios.
Al anunciar el premio, Richard Roth, el periodista de la CNN que ofició de maestro de ceremonia durante la gala de Nueva York, destacó la descripción de la “nueva normalidad de Groenlandia” que se hace en el artículo de Viva.
La UNCA distingue todos los años a periodistas de todo el mundo por sus actividades relacionadas con temas concernientes a las Naciones Unidas, entre los que figuran desde cuestiones geopolíticas y de paz y seguridad hasta de cambio climático. Tiene cuatro categoría de premios: the Elizabeth Neuffer Memorial Prize, otorgado en memoria a la ex corresponsal de Boston Globe que murió cubriendo la guerra de Irak en 2003; the Ricardo Ortega Memorial Prize, concedido en homenaje al periodista español de Antena 3, asesinado en Haití en 2004; The United Nations Foundation Prize; y el Principe Alberto II de Mónaco y premio UNCA para cobertura de cambio climático.
Cada una de esas categoría de premio se divide, a su vez, en tres distinciones: de oro, de plata y de bronce. El anuncio de quién recibió cada galardón se realizó en la cena de gala, que tuvo lugar en el gran salón de estilo renacentista del restaurante Harry Cipriani, de la calle 42, a pocas cuadras de las Naciones Unidas. Al evento asistieron 560 invitados. Este año, el cantante Andrea Bocelli, que recibió el premio UNCA Gobal Citizen of the Year, interpretó en vivo varias canciones, entre ellas, su famosa versión del Ave María. También fue distinguida la fundación de Trudie Styler y Sting, por actividad de apoyo a la protección de bosques amenazados y a sus poblaciones indígenas.
Al hacer entrega del premio, Ban ki Moon agradeció especialmente a Clarín por ocuparse de cubrir temas relacionados con el cambio climático. Hace un par de semanas, se realizó un acuerdo en Lima para reducir emisiones de gases de efecto invernadero, que son las que causan la suba de la temperatura global. El mismo deberá ser ratificado en París, el año que viene, en diciembre.
http://www.clarin.com
El artículo que mereció el premio se llama Hielo Ardiente y fue publicado en septiembre de 2013 en Viva. Allí se describen vívidamente los contundentes cambios que está experimentando el Artico, la zona más afectada del mundo por la suba de la temperatura global, lo que se expresa en la pérdida de hielo marítimo y de enormes volúmenes de masas glaciares en Groenlandia, entre otros territorios.
Al anunciar el premio, Richard Roth, el periodista de la CNN que ofició de maestro de ceremonia durante la gala de Nueva York, destacó la descripción de la “nueva normalidad de Groenlandia” que se hace en el artículo de Viva.
La UNCA distingue todos los años a periodistas de todo el mundo por sus actividades relacionadas con temas concernientes a las Naciones Unidas, entre los que figuran desde cuestiones geopolíticas y de paz y seguridad hasta de cambio climático. Tiene cuatro categoría de premios: the Elizabeth Neuffer Memorial Prize, otorgado en memoria a la ex corresponsal de Boston Globe que murió cubriendo la guerra de Irak en 2003; the Ricardo Ortega Memorial Prize, concedido en homenaje al periodista español de Antena 3, asesinado en Haití en 2004; The United Nations Foundation Prize; y el Principe Alberto II de Mónaco y premio UNCA para cobertura de cambio climático.
Cada una de esas categoría de premio se divide, a su vez, en tres distinciones: de oro, de plata y de bronce. El anuncio de quién recibió cada galardón se realizó en la cena de gala, que tuvo lugar en el gran salón de estilo renacentista del restaurante Harry Cipriani, de la calle 42, a pocas cuadras de las Naciones Unidas. Al evento asistieron 560 invitados. Este año, el cantante Andrea Bocelli, que recibió el premio UNCA Gobal Citizen of the Year, interpretó en vivo varias canciones, entre ellas, su famosa versión del Ave María. También fue distinguida la fundación de Trudie Styler y Sting, por actividad de apoyo a la protección de bosques amenazados y a sus poblaciones indígenas.
Al hacer entrega del premio, Ban ki Moon agradeció especialmente a Clarín por ocuparse de cubrir temas relacionados con el cambio climático. Hace un par de semanas, se realizó un acuerdo en Lima para reducir emisiones de gases de efecto invernadero, que son las que causan la suba de la temperatura global. El mismo deberá ser ratificado en París, el año que viene, en diciembre.
http://www.clarin.com
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domingo, 16 de diciembre de 2012
Tecnología revolucionaria
Una argentina dice tener la llave para frenar el cambio climático
Considerada una de las latinas más influyentes de Estados Unidos, según la revista Hispanic Business, Chichilnisky es hija de un reconocido neurocientífico y hermana de Tamara Di Tella.
Tras la “Noche de los Bastones Largos”, en la década del ‘60, emigró de la Argentina. La científica tiene dos antecedentes de prestigio en su carrera. Por una parte, es la creadora de los “bonos de carbono”, que ofrece incentivos económicos para las empresas que reducen las emisiones contaminantes y fue incorporado al mecanismo de “desarrollo limpio” del Protocolo de Kyoto en 1997. El de Kyoto es el único acuerdo internacional existente para intentar detener el cambio climático.
Por otro lado, veinte años antes, en 1977, la científica había creado el concepto de “necesidades básicas” con el que inició la teoría del “desarrollo sustentable”, que equilibra el crecimiento económico con el cuidado del medioambiente.
Ahora, después de años de ensayos en el centro de investigaciones de la Universidad de Stanford, Chichilnisky asegura haber conseguido la solución para el cambio climático.
Suelta una promesa impactante: si sus plantas para capturar el dióxido de carbono (CO2) funcionaran en todo el mundo, se podría bajar la concentración de carbono en la atmósfera desde las actuales 400 ppm (partes por millón) a 275 ppm. Es decir, el mismo nivel que hacía 250 años, antes de la revolución industrial. Chichilnisky desarrolló una tecnología capaz de capturar CO2 en cualquier lugar del mundo a un costo de 15 a 25 dólares por tonelada.
Su proyecto está entre los once finalistas del premio medioambiental del empresario británico Richard Branson que entrega 25 millones de dólares.
La firma con que desarrolló la técnica es Global Thermostat (GT).
Uno de sus socios es Edgar Bronfman Jr., una de las mayores fortunas de Estados Unidos.
La invención de Chichilnisky es presentada como revolucionaria. Si hasta ahora las máquinas capaces de capturar CO2 debían ubicarse junto a las fábricas contaminantes para poder tomar el gas de las chimeneas -lo cual encarece su posterior aprovechamiento por el costo del transporte-, la tecnología de GT sólo requiere una pequeña fuente de calor para funcionar en cualquier lado: basta con que las plantas se ubiquen donde estén sus clientes.
Los compradores pueden ser fabricantes de gaseosas, que lo usan como insumo; procesadores de alimentos, que lo emplean para refrigerar; o petroleras, que con el CO2 mejoran la productividad de sus pozos. Según Chichilnisky, las empresas pagarían por el gas entre 50 y 200 dólares la tonelada: mucho más de lo que cuesta obtenerlo.
Por lo que explica, la solución de GT sólo requiere una fuente de calor leve y no toca intereses petroleros. ¿Por qué no se desarrolló en todo el mundo?
Lleva tiempo, y empezamos hace sólo cuatro años. Después del experimento en la Universidad de Stanford, estamos comenzando con las plantas comerciales que venderán el CO2. Con más dinero, iríamos más rápido.
-¿Por qué el gobierno de Barack Obama no pone ese dinero?
Las decisiones de los gobiernos son complicadas. No tienen toda la información y temen ocasionar conflictos políticos. Cuando Obama logre el apoyo para enfocarse en este problema, seguro que nuestra solución va a ser adoptada y quizás hasta nacionalizada. Y si encontramos un buen mercado comercial para nuestro producto, no necesitaremos de ningún gobierno. Ya tenemos pedidos de Alemania, India, Japón y Estados Unidos.
Según los estudios de GT –que Chichilnisky codirige junto al ex vicedecano del Earth Institute, Peter Eisenberger–, hasta una cuarta parte del CO2 que se inyecta en los pozos petroleros queda bajo tierra. Eso significa una reducción neta en la atmósfera. Los científicos aseguran que la cantidad de carbono que emiten las fábricas es siempre menor de la que recuperarían, si aplicasen su calor residual en hacer funcionar una de sus plantas recuperadoras.
Hay ambientalistas que no aprueban una solución tecnológica al cambio climático porque temen que se desatienda el exceso de emisiones. ¿Qué opina?
Sería demasiado optimista pensar que sólo la tecnología puede resolver el problema. Pero nuestra propuesta, o alguna similar, también tienen que existir. Seamos claros: tenemos que reducir la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera. No hay opción. Si seguimos aumentando las emisiones, vamos a tener algún tipo de cambio climático. No sabemos qué es lo que va a ocurrir exactamente, pero es seguro que corremos el riesgo de vivir eventos catastróficos.
El alcalde de Nueva York Michael Bloomberg, un hombre bastante conservador, escribió hace unos días que el cambio climático ya está ocurriendo, que no había registros de un huracán similar a Sandy –que este año devastó la costa este de Estados Unidos–y que aunque no estuviésemos seguros de que sea causado por el hombre, la mera posibilidad de que así sea implica que debemos hacer algo. Creo que tendremos varios huracanes como Sandy en los próximos dos o tres años. Eso despertará a los políticos estadounidenses.
¿Qué opina de otras soluciones tecnológicas, como el bombardeo de la atmósfera con partículas que impidan el paso de los rayos solares o la manipulación de las corrientes frías en los océanos?
Manipular la atmósfera o los océanos es muy peligroso: los efectos inesperados pueden ser peores. Tampoco pienso como los ambientalistas que piden retroceder a un mundo en el que se use menos energía. Los países en desarrollo la necesitan para combatir la pobreza. Cuando inventamos esta tecnología, Eisenberger y yo decidimos que los países de América Latina, África y las pequeñas islas iban a acceder a ella sin pagar tanto. Son zonas que no contaminaron casi nada, y sin embargo están muy castigadas por el cambio climático. Las islas, por el riesgo de desaparición. África y América Latina, por las sequías en países que dependen mucho de la agricultura, y con poblaciones que tienen menos herramientas para defenderse”.
¿Cómo funcionan las plantas de GT que capturan el C02? Son torres que trabajan como una colmena de paneles a los que se pega el dióxido de carbono. Una vez llenos, y tras la aplicación de calor y vapor, descienden para liberar el CO.
Las plantas más eficaces pueden capturar un millón de toneladas de carbono por año.
Cuestan 40 millones de dólares y con la venta del CO2 capturado en dos años y medio se recupera la inversión. Ya se está construyendo una en Alabama con el apoyo del conglomerado japonés IHI, que aportó 15 millones de dólares.
La científica confía en que en menos de veinte años sus plantas estarán funcionando en todo el mundo. Si su sueño se cumpliera, dice, se evitaría el peligroso pronóstico de que las temperaturas subieran dos grados para el año 2050.
¿Será mucho?
http://www.clarin.com
16/12/12
El desafío suena entre ambicioso y descabellado: solucionar el cambio climático y ganar dinero. Hace seis años, la científica argentina Graciela Chichilnisky
entendió que el mejor camino para frenar el calentamiento global era
asociarlo a un negocio. ¿Cómo? Intentando darle un uso útil al dióxido de carbono (C02), cuyo exceso en la atmósfera es la principal causa del aumento de temperatura en el clima global. Considerada una de las latinas más influyentes de Estados Unidos, según la revista Hispanic Business, Chichilnisky es hija de un reconocido neurocientífico y hermana de Tamara Di Tella.
Tras la “Noche de los Bastones Largos”, en la década del ‘60, emigró de la Argentina. La científica tiene dos antecedentes de prestigio en su carrera. Por una parte, es la creadora de los “bonos de carbono”, que ofrece incentivos económicos para las empresas que reducen las emisiones contaminantes y fue incorporado al mecanismo de “desarrollo limpio” del Protocolo de Kyoto en 1997. El de Kyoto es el único acuerdo internacional existente para intentar detener el cambio climático.
Por otro lado, veinte años antes, en 1977, la científica había creado el concepto de “necesidades básicas” con el que inició la teoría del “desarrollo sustentable”, que equilibra el crecimiento económico con el cuidado del medioambiente.
Ahora, después de años de ensayos en el centro de investigaciones de la Universidad de Stanford, Chichilnisky asegura haber conseguido la solución para el cambio climático.
Suelta una promesa impactante: si sus plantas para capturar el dióxido de carbono (CO2) funcionaran en todo el mundo, se podría bajar la concentración de carbono en la atmósfera desde las actuales 400 ppm (partes por millón) a 275 ppm. Es decir, el mismo nivel que hacía 250 años, antes de la revolución industrial. Chichilnisky desarrolló una tecnología capaz de capturar CO2 en cualquier lugar del mundo a un costo de 15 a 25 dólares por tonelada.
Su proyecto está entre los once finalistas del premio medioambiental del empresario británico Richard Branson que entrega 25 millones de dólares.
La firma con que desarrolló la técnica es Global Thermostat (GT).
Uno de sus socios es Edgar Bronfman Jr., una de las mayores fortunas de Estados Unidos.
La invención de Chichilnisky es presentada como revolucionaria. Si hasta ahora las máquinas capaces de capturar CO2 debían ubicarse junto a las fábricas contaminantes para poder tomar el gas de las chimeneas -lo cual encarece su posterior aprovechamiento por el costo del transporte-, la tecnología de GT sólo requiere una pequeña fuente de calor para funcionar en cualquier lado: basta con que las plantas se ubiquen donde estén sus clientes.
Los compradores pueden ser fabricantes de gaseosas, que lo usan como insumo; procesadores de alimentos, que lo emplean para refrigerar; o petroleras, que con el CO2 mejoran la productividad de sus pozos. Según Chichilnisky, las empresas pagarían por el gas entre 50 y 200 dólares la tonelada: mucho más de lo que cuesta obtenerlo.
Por lo que explica, la solución de GT sólo requiere una fuente de calor leve y no toca intereses petroleros. ¿Por qué no se desarrolló en todo el mundo?
Lleva tiempo, y empezamos hace sólo cuatro años. Después del experimento en la Universidad de Stanford, estamos comenzando con las plantas comerciales que venderán el CO2. Con más dinero, iríamos más rápido.
-¿Por qué el gobierno de Barack Obama no pone ese dinero?
Las decisiones de los gobiernos son complicadas. No tienen toda la información y temen ocasionar conflictos políticos. Cuando Obama logre el apoyo para enfocarse en este problema, seguro que nuestra solución va a ser adoptada y quizás hasta nacionalizada. Y si encontramos un buen mercado comercial para nuestro producto, no necesitaremos de ningún gobierno. Ya tenemos pedidos de Alemania, India, Japón y Estados Unidos.
Según los estudios de GT –que Chichilnisky codirige junto al ex vicedecano del Earth Institute, Peter Eisenberger–, hasta una cuarta parte del CO2 que se inyecta en los pozos petroleros queda bajo tierra. Eso significa una reducción neta en la atmósfera. Los científicos aseguran que la cantidad de carbono que emiten las fábricas es siempre menor de la que recuperarían, si aplicasen su calor residual en hacer funcionar una de sus plantas recuperadoras.
Hay ambientalistas que no aprueban una solución tecnológica al cambio climático porque temen que se desatienda el exceso de emisiones. ¿Qué opina?
Sería demasiado optimista pensar que sólo la tecnología puede resolver el problema. Pero nuestra propuesta, o alguna similar, también tienen que existir. Seamos claros: tenemos que reducir la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera. No hay opción. Si seguimos aumentando las emisiones, vamos a tener algún tipo de cambio climático. No sabemos qué es lo que va a ocurrir exactamente, pero es seguro que corremos el riesgo de vivir eventos catastróficos.
El alcalde de Nueva York Michael Bloomberg, un hombre bastante conservador, escribió hace unos días que el cambio climático ya está ocurriendo, que no había registros de un huracán similar a Sandy –que este año devastó la costa este de Estados Unidos–y que aunque no estuviésemos seguros de que sea causado por el hombre, la mera posibilidad de que así sea implica que debemos hacer algo. Creo que tendremos varios huracanes como Sandy en los próximos dos o tres años. Eso despertará a los políticos estadounidenses.
¿Qué opina de otras soluciones tecnológicas, como el bombardeo de la atmósfera con partículas que impidan el paso de los rayos solares o la manipulación de las corrientes frías en los océanos?
Manipular la atmósfera o los océanos es muy peligroso: los efectos inesperados pueden ser peores. Tampoco pienso como los ambientalistas que piden retroceder a un mundo en el que se use menos energía. Los países en desarrollo la necesitan para combatir la pobreza. Cuando inventamos esta tecnología, Eisenberger y yo decidimos que los países de América Latina, África y las pequeñas islas iban a acceder a ella sin pagar tanto. Son zonas que no contaminaron casi nada, y sin embargo están muy castigadas por el cambio climático. Las islas, por el riesgo de desaparición. África y América Latina, por las sequías en países que dependen mucho de la agricultura, y con poblaciones que tienen menos herramientas para defenderse”.
¿Cómo funcionan las plantas de GT que capturan el C02? Son torres que trabajan como una colmena de paneles a los que se pega el dióxido de carbono. Una vez llenos, y tras la aplicación de calor y vapor, descienden para liberar el CO.
Las plantas más eficaces pueden capturar un millón de toneladas de carbono por año.
Cuestan 40 millones de dólares y con la venta del CO2 capturado en dos años y medio se recupera la inversión. Ya se está construyendo una en Alabama con el apoyo del conglomerado japonés IHI, que aportó 15 millones de dólares.
La científica confía en que en menos de veinte años sus plantas estarán funcionando en todo el mundo. Si su sueño se cumpliera, dice, se evitaría el peligroso pronóstico de que las temperaturas subieran dos grados para el año 2050.
¿Será mucho?
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