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lunes, 27 de enero de 2014

Investigaciones en tecnología y salud

Google desarrolla lentes inteligentes para diabéticos


Google trabaja en el desarrollo de unas lentes de contacto capaces de medir los niveles de azúcar presentes en las lágrimas, un dispositivo diseñado para las personas que padecen diabetes.
Las lentes inteligentes están equipadas con un chip inalámbrico y un sensor incluidos entre dos capas de material de una lente de contacto blanda.
Según Google, este dispositivo electrónico en miniatura es capaz de detectar los niveles de glucosa obteniendo la información de las lágrimas humanas.
Los prototipos que se manejan ya pueden generar una lectura de los niveles de glucosa por segundo y la intención de la compañía californiana es que se puedan utilizar como un sistema de advertencia para el paciente diabético.
"Estamos explorando la integración de minúsculas luces LED, que podrían encenderse para indicar que los niveles de glucosa están por encima o por debajo de ciertos umbrales", explicó.
El proyecto se encuentra aún en "sus inicios", si bien la tecnológica informó en su blog oficial de que ya pasó diversos estudios de investigación clínica y de que se está trabajando con la FDA, la organización estadounidense encargada de la aprobación de medicamentos.
"Aún queda mucho trabajo por hacer antes de que esta tecnología se convierta en un sistema que la gente pueda usar", matizó.
Sin embargo, la tecnológica hizo públicos sus planes para buscar a socios que puedan comercializar las lentes de contacto inteligentes y que puedan desarrollar aplicaciones para que tanto paciente como médico sean capaces de manejar sus datos.
Las lentes inteligentes nacieron en el laboratorio Google X, cuyos ingenieros también son responsables del coche sin conductor, las Google Glasses o los globos diseñados para llevar internet a lugares remotos (Project Loon).
Nacida como una empresa de internet dedicada a las búsquedas, Google diversificó su investigación y su negocio a áreas diversas que van desde la movilidad a la energía pasando por la salud.

EFE.
http://lacapital-cienciasysalud.blogspot.com.ar

lunes, 26 de noviembre de 2012

Instituto Max Planck

Primer mundo, en Palermo

Por Nora Bär

Mesadas e instrumental que relucen, amplios laboratorios con grandes ventanales, salas para científicos visitantes con distribución modular, equipamiento de última generación, precisos sistemas de purificación del agua y deposición de residuos...
El nuevo Instituto de Investigación en Biomedicina de Buenos Aires-Instituto Partner de la Sociedad Max Planck es un moderno centro científico europeo, pero en pleno Palermo.
"No tiene nada que envidiarles a los del Primer Mundo -afirma su director, Eduardo Arzt, con inocultable orgullo y entusiasmo-. Y ya tenemos nuestro primer resultado. Lo obtuvimos para contestar al pedido de los revisores de una revista científica sobre un trabajo que habíamos mandado para publicar. Analizamos y comparamos estructuralmente las tres proteínas cuya síntesis dirige un gen [llamado Rsume] que está involucrado en procesos de hipoxia [falta de oxígeno] que son claves en algunos tumores, y demostramos que son diferentes."
Arzt está exultante. En 2006, el espacio donde hoy se levanta el deslumbrante edificio en el que en unos meses funcionarán tres institutos internacionales, era un baldío con una construcción derruida, perteneciente a las ex Bodegas Giol. Hubo que gestionar su cesión, licitar y diseñar el proyecto de la obra, construirla y conformar los equipos científicos de un centro de más de 100 investigadores. Arzt siguió de cerca todas estas instancias y se dedicó al proyecto por completo. Hoy está viviendo un sueño hecho realidad.
Tal vez por eso repasa los detalles que convierten a esos 1200 m2 de laboratorios, salas de cultivo, de microscopía de última generación, salones de seminarios y para becarios, y oficinas para investigadores en un privilegio envidiable, concebido con los altos estándares de una de las organizaciones científicas más prestigiosas del planeta, la Sociedad Max Planck, en la que trabajan o trabajaron 17 premios Nobel. "Por ejemplo -explica-, todos los pisos tienen una unidad especial que mantiene la corriente estable para que no se corte nunca, y que no haya variaciones ni de un milisegundo. Además, a diferencia de lo que suele suceder tradicionalmente en los laboratorios, que tienen las heladeras en los pasillos, aquí diseñamos espacios especiales («nichos») donde ubicamos los freezers, las «ultracentrífugas», máquinas para separar fracciones celulares que alcanzan las 120.000 revoluciones por minuto, o tanques de nitrógeno líquido donde se guarda material biológico a -120°. También hay «áreas de servicio» con shakers para cultivar bacterias, mesas antivibratorias para las balanzas que pesan el material en microgramos, y cuarto radiactivo para trabajar con isótopos con cuartos contiguos para los residuos."
Una de las últimas adquisiciones del Instituto es un microscopio confocal Zeiss de última generación. La semana pasada viajó desde Alemania para calibrarlo un técnico de la empresa que los fabrica.
"La sensibilidad de este equipo es extrema -cuenta la bioquímica Alejandra Attorresi, que será la encargada de manejarlo-, por eso no sólo está apoyado sobre una mesa, sino también sobre un piso antivibratorios, conectados a aire comprimido."
La virtud de este tipo de microscopio es que enfoca y capta la imagen de un solo plano focal.
"Cuando uno mira por un microscopio común, ve todo el grosor de una muestra: una parte enfocada y otra desenfocada -explica Attorresi-. En cambio este equipo permite captar una imagen muy definida, plano por plano, y además viene con un sistema que permite ver células vivas y filmarlas durante veinticuatro horas con la misma precisión. A partir de esas imágenes, la computadora puede armar una película en 3D."
Por supuesto, poner en funcionamiento esta compleja estructura de investigación, técnica y humana, requiere de los servicios de ingenieros a tiempo completo. Uno de ellos es Hernán Cavoli, técnico electrónico y estudiante de ingeniería industrial que, entre otras cosas, se ocupa de verificar que se cumplan las estrictas normas de seguridad que deben regir en estos ámbitos. Otro es Adrián Cadena.
"Adrián, para nosotros, es una joya -dice Arzt-, porque estuvo en la obra, trabajando con la empresa constructora desde el principio. La conoce desde los cimientos."
"La verdad es que al ver nacer esto me gustó tanto que quise entrar -dice Cadena, que hoy tiene un cargo del Conicet-. Estoy encantado."
Bajo la dirección de Arzt, el Instituto de Investigación Biomédica de Buenos Aires (BioBA-MPSP) está integrado por ocho grupos de investigación cuyos jefes debieron pasar por el arduo proceso de selección que caracteriza a la Sociedad Max Planck. Varios dejaron puestos en centros de investigación europeos o norteamericanos para regresar al país.
Entre ellos están el físico Claudio Cavasotto, experto en química computacional y diseño de fármacos, que viene de la Universidad de Texas en Houston; María de la Paz Fernández, que investiga en neurobiología del comportamiento y regresa de su posdoctorado en la Universidad de Harvard; la bióloga Carolina Pérez Castro, que investiga en células madre tumorales y plasticidad celular, el bioquímico Marcelo Perone, cuyo grupo explorará los vínculos entre la diabetes y la inmunología; Damián Refojo, que regresa del Instituto Max Planck, de Munich, y dirigirá el grupo de neurobiología molecular, y Patricio Yankilevich, especialista en bioinformática que regresa desde España, donde trabajó en una empresa creada por el Centro Nacional de Biotecnología de ese país.
"Nuestra meta es no sólo estudiar y entender los mecanismos que explican enfermedades degenerativas, como el cáncer, el Alzheimer o el Parkinson, sino también que esos hallazgos puedan convertirse luego en innovaciones o fármacos que lleguen a la cama del paciente".
Y enseguida agrega, con la satisfacción de la tarea cumplida y el entusiasmo del desafío: "Esto es sólo el comienzo".

(...)

http://www.lanacion.com.ar